Familia disfuncional??!
23 julio 2026
Carla nos escribe: «Hola. Es la primera vez que escribo sobre esto porque necesito la opinión de personas que no me conocen. No quiero dar muchos datos personales por privacidad, pero soy una mujer de entre 20 y 25 años. Mi mamá ha estado enferma desde que tengo memoria. Tiene insuficiencia renal y necesita diálisis. Durante muchos años mi papá era quien la ayudaba con todo, pero hace tiempo tuvo que conseguir un segundo trabajo porque los gastos médicos eran muy altos. Gracias a eso nunca nos ha faltado lo indispensable; no somos ricos, pero vivimos relativamente estables gracias a su esfuerzo. El problema es que casi nunca lo vemos, prácticamente solo llega a dormir y los fines de semana está más tiempo en casa. Tengo un hermano que estudia fuera del estado. Él ayuda en lo que puede y nunca me he sentido molesta con él porque sé que también está haciendo su vida. Cuando mi papá empezó con el segundo trabajo, mi mamá aprendió a hacerse la diálisis sola. En esa época también fue diagnosticada con depresión. Su vida antes de enfermarse ya había sido muy difícil y la enfermedad terminó de afectarla emocionalmente. Con apoyo mejoró un poco, pero físicamente ha ido empeorando con los años. Ella no acepta que mi hermano o yo le donemos un riñón, y otros familiares no pueden hacerlo. Actualmente la enfermedad ha afectado mucho sus huesos y tiene dolor constante. Lleva años pasando casi todo el tiempo en cama. La ayudamos a sentarse, a levantarse y a ir al baño. Puede caminar un poco con una andadera, pero le duele tanto que muchas veces prefiere no hacerlo. Le he propuesto terapias, como ejercicios en agua o rehabilitación, pero siempre las rechaza, creo que por miedo. Hace tres años falleció mi abuela materna por cáncer. Ella era quien ayudaba a cuidar a mi mamá mientras mi papá trabajaba. Desde que murió, prácticamente mi papá y yo vivimos alrededor de las necesidades de mi mamá. Mi abuela paterna ayuda preparando la comida. Yo se la llevo a mi mamá y la ayudo a sentarse para comer porque mi abuela ya no tiene fuerza para levantarla y podría lastimarla. No quiero hablar mal de ella, pero a veces siento que no le agradamos mucho. Lo digo porque alguna vez junté en una bolsa transparente toda la ropa que más me gustaba y ella la tiró pensando que era basura. Lloré mucho y mi papá solo me dijo que había sido mi culpa. En ese momento sentí que necesitaba un abrazo, pero en lugar de eso me sentí regañada. También una vez escuché a mi abuela decir «pinche vieja» cuando mi mamá comentó que la comida estaba muy fría. Sé que cuidar a una persona enferma es difícil y que todos se cansan, pero escuchar eso me dolió mucho porque, al final, esa es mi mamá. Extraño mucho a mi otra abuela. Ella hacía todo por mi mamá sin quejarse y desde que falleció siento que la casa cambió por completo. Yo todavía estudio la universidad. Además, hago prácticas con niños de 0 a 3 años durante jornadas completas. Cuando salgo me voy directo a casa para ayudar. Hay días en los que llego realmente agotada. Aun así trato de hacer lo que puedo. Aquí es donde empiezan mis conflictos. Mi mamá muchas veces es muy exigente con la comida. Si cocino y algo no le gusta, se molesta muchísimo. A veces no come o pasa toda la comida quejándose. Eso me hace sentir terrible porque realmente hago mi mejor esfuerzo. Sé que ella no eligió estar enferma y que antes era una persona muy independiente, así que entiendo que debe ser muy frustrante depender de otros. Por eso también me siento culpable cuando llego cansada y hago las cosas sin mucho ánimo. Yo sé que tampoco soy una hija perfecta. A veces le contesto a mi papá cuando discutimos y eso hace que él se enoje todavía más. Hay veces que dejo desorden o se me olvidan cosas como apagar una luz o cerrar bien una llave. No quiero hacerme la víctima porque sé que también cometo errores. También tengo cuatro gatos. Todos están esterilizados. Dos son totalmente de casa y dos fueron rescatados de la calle. Una de las gatas tiene problemas para hacer pipí fuera del arenero y sé que eso no es justo para mi familia. Entiendo perfectamente que mi papá se enoje por eso porque vivir así tampoco está bien. El problema no es que me llame la atención, sino la forma en que lo hace. Mi papá siempre ha sido una persona muy dura con las palabras. Cuando se enoja me llama cosas muy feas, me dice «cerda» o que por mi culpa vivimos entre el desorden. No deja que explique nada y, si intento hacerlo, se enoja todavía más. Aprieta los puños y se pone frente a mí de una forma que me da miedo. Nunca me ha golpeado, gracias a Dios, pero muchas veces siento que está a punto de hacerlo. Además, suele recordarme errores de hace muchos años. Cuando era adolescente manché por accidente una silla del comedor y todavía hoy, cuando hablamos de la casa, me recuerda esa silla o que mis gatos han rasgado algunos muebles. Me hace sentir que todo lo malo que pasa en la casa es mi culpa. Hoy pasó algo que fue lo que me hizo escribir esto. El gato más pequeño hizo del baño en el cuarto de mis papás. Mi papá limpió todo y, obviamente, estaba muy molesto. Después dijo que seguramente el gato estaba enfermo. Yo me asusté porque no tengo trabajo ni dinero estable para pagar un veterinario. Le pregunté varias veces si también lo veía más delgado o raro, pero me ignoró. Mañana lo llevaré al veterinario con los ahorros que tengo y eso me preocupa porque apenas me queda dinero. Desde hace años quiero trabajar. No porque me obliguen, sino porque quiero comprar mis cosas, pagar todo lo relacionado con mis gatos y ayudar económicamente en la casa. Pero siempre ha sido complicado porque estudio y además ayudo a cuidar a mi mamá. Hace poco volví a mencionar que quería conseguir un trabajo y mi mamá se molestó mucho. Me dijo que mejor me esperara, que total ella ya se iba a morir pronto. No es la primera vez que hace comentarios así. También ha dicho que todos la odiamos. Cada vez que habla de esa forma me rompe el corazón porque siento una culpa enorme. Mi papá tampoco está de acuerdo con que diga esas cosas, pero al final todo queda ahí. La realidad es que ya me da mucha pena pedir dinero. Mi papá paga mi universidad, la comida, la casa y prácticamente todo lo necesario. Incluso compra la comida de mis gatos y muchas veces me ha ayudado con cosas que ni siquiera eran indispensables. Por eso me siento muy culpable cuando pienso que me estoy quejando. Si necesito shampoo, ropa o cualquier otra cosa, trato de ahorrar mi beca o pedir a crédito y luego pagarlo yo. Hace un tiempo mi papá me compró un plotter de corte que utilizo para la universidad y con la idea de emprender. Yo misma se lo estoy pagando poco a poco porque no quiero sentir que solo recibo y nunca doy. Mi sueño sería poder trabajar para pagar todos los gastos de mis gatos, ayudar con la luz, con el agua o incluso contratar a alguien que cuidara a mi mamá mientras yo estoy en la universidad. Así podría quitarle un poco de peso a mi papá. También hay algo que me duele mucho. No siento que tenga confianza con mis papás. Los quiero muchísimo, pero siento que ninguno realmente me conoce. Cuando llego de la escuela voy a su cuarto y les platico cualquier cosa mientras ellos ven la televisión. Muchas veces ninguno me pone atención, pero aun así lo sigo intentando. A veces me siento hasta infantil por seguir buscando que me escuchen. Ellos no saben cuál es mi color favorito, la música que escucho o las cosas que me gustan. Y yo tampoco sé mucho de cómo eran ellos antes de ser mis papás. Mi hermano también la pasó muy mal viviendo aquí. Incluso tuvo problemas de salud mental bastante serios y terminó yéndose a estudiar fuera. Desde entonces siento que muchas responsabilidades cayeron sobre mí. También noto diferencias en el trato. Si yo dejo un plato sucio, mi papá puede gritarme muchísimo. Si mi hermano hace algo parecido cuando viene, normalmente no pasa nada. Tal vez sea porque tienen miedo de que vuelva a sentirse mal, y si es así lo entiendo, pero igual me duele. A veces siento que soy una mala hija porque recibo mucho y doy poco. Otras veces siento que hago todo lo que puedo y que simplemente ya estamos todos agotados por la enfermedad de mi mamá y por la presión que vive mi papá. También sé que yo quisiera vivir un poco más como alguien de mi edad. Me gustaría salir más con mis amigas o con mi novio. Él viene a mi casa, se lleva muy bien con mi mamá y normalmente solo salgo los fines de semana si no tengo tareas o si no estoy demasiado cansada. La verdad ni siquiera me gusta salir mucho, pero a veces siento que mi vida está completamente detenida. Sé que mis papás me aman. Mi papá ha sacrificado prácticamente toda su vida por nosotros. Mi mamá vive con una enfermedad muy dolorosa que nadie escogería. También sé que antes a los papás no les enseñaban a expresar emociones ni a criar de otra manera. Por eso no busco que me digan que ellos son los malos o que yo soy la víctima. No sé realmente qué busco al escribir esto. Tal vez solo necesitaba desahogarme después de tantos años guardándome muchas cosas. No quiero que piensen que mi papá es una mala persona, porque no lo es. Estoy casi segura de que, si mañana le dijera que no tengo dinero para el veterinario de mi gato, él me ayudaría sin pensarlo. El problema es que ya me da muchísima pena pedirle dinero. Últimamente me ha recordado muchas veces todos los errores que he cometido, las cosas que he roto, el dinero que me ha prestado o las deudas que tengo con él. Sé que muchas de esas cosas son reales y que he cometido errores, pero escuchar todo eso tan seguido hace que sienta que soy una carga. A veces pienso que nunca voy a poder devolverles todo lo que han hecho por mí. Otras veces siento que ya hago todo lo que puedo y aun así nunca es suficiente. No escribo esto porque quiera que alguien me diga que mis papás son los malos o que yo soy la buena. De hecho, creo que todos tenemos razones para actuar como lo hacemos y que cada uno carga con un dolor diferente. Solo necesitaba sacar todo esto de mi cabeza porque últimamente siento que ya no puedo seguir guardándomelo.»
Hola Carla,
Siento mucho la circunstancia tan difícil que está atravesando tu familia.
El problema es que no sois libres: tu madre por su enfermedad, tu padre porque tiene que trabajar todo el día por la circunstancia de tu madre, tu abuela por tener que hacer cosas para la mujer de su hijo que no debería de hacer, y tu por estar tu vida totalmente condicionada por la enfermedad de tu madre.
Esto provoca que la poca energía que le queda a cada uno, por un tema de supervivencia, la dedique para sí mismo. Por esto tu padre apenas sabe de ti. No porque no quiera, porque ni se lo plantea! No tiene la energía para hacerlo. Y el resto de comportamientos, de malas respuestas, de tensión, todo viene de lo mismo, de la circunstancia de tu madre y de lo que provoca en todos vosotros.
Tu, puedes hacer algo para mejorar la situación?
Pues yo creo que sí. Tienes que intentar cambiar la energía de tu casa. Ahora es negativa, pero tu puedes conseguir que se transforme y se vuelva positiva poco a poco.
Cómo? Pues dando amor. Está claro que quieres a toda tu familia, pero quizá lo puedas demostrar más. Pongo un ejemplo: dices que tu padre sabe poco de ti, que siempre está de mal humor. Qué pasaría si le recibieras con una sonrisa cada vez que le ves? Podrías ir a comer algún día con él y charlar? Le has preguntado alguna vez cómo se siente?
Igual que es importante para ti, también lo es para el resto de personas. Tu quieres sentirte atendida y comprendida, y tu familia también. De hecho todos queremos que se nos haga caso, los seres humanos necesitamos sentirnos queridos y escuchados.
Fíjate que el hecho de haber escrito este correo solo buscaba eso. Y está claro que estás siendo escuchada porque estás recibiendo esta respuesta, que espero que te haga sentir mejor.
Déjame decir una última cosa. Las enfermedades son peores si el estado de ánimo es malo. Aunque lo está pasando mal, si tu madre pudiera tener mejor ánimo automáticamente se encontraría un poco mejor, y esto cambiaría totalmente el ánimo de tu casa.
Estoy seguro que eres capaz de conseguir un cambio en tu casa, poco a poco. Recuerda, escuchar, preguntar a la otra persona cómo está, cómo se siente, y recibir a la otra persona con una sonrisa de verdad.
Mucha fuerza!
P.D. Si crees que este mensaje te sirve, piensa que lo único que te pedimos es que actúes con los demás de la misma forma que actuamos contigo. Es decir, intentando ayudar sin pedir nada a cambio